
Cartas imposibles. Juan Gabriel: te sigo amando
Querido Juan Gabriel: Sería muy sencillo decir que, a diez años de tu partida, sigues presente. Es un lugar común y de esos me sé muchos, pero me los guardo para reuniones públicas e innecesarias. Aquí, hoy que estamos solos tú y yo, quiero decirte otra cosa: sí, te sigo amando. Te canto en voz alta y también en silencio.
Hay un montón de cosas que quiero contarte.
¿Sabes? No hace mucho sentí hasta los huesos el significado de esa canción que todo mundo pide en las fiestas: Amor eterno. Me caló el día en que el silencio y la soledad cayeron como una losa sobre la casa de mis padres. Ese silencio hueco, gris, triste, que dejan las personas que amas cuando se van.
Entonces entendí tus palabras de otra manera. Ya no eran solamente una canción. Eran una ofrenda.
¡Ay, JuanGa! —permíteme decirte así, como te dice todo mundo—, ¿imaginaste alguna vez hasta dónde llegarías? Más de mil ochocientas canciones, millones de discos vendidos, escenarios en México y en el mundo. En 1990 fuiste el primer cantante popular en presentarse en el Palacio de Bellas Artes. Y ahí mismo, veintiséis años después, volverías convertido en ausencia.
Recuerdo aquel 28 de agosto de 2016, cuando se anunció tu muerte. Ese día, además, se transmitió el último capítulo de Hasta que te conocí, la serie que contaba tu vida y cuyo director de fotografía fue Jerónimo Rodríguez, mi amadísimo hijo. Qué extraña coincidencia. Como si los astros hubieran decidido hacerte un último homenaje sin pedirle permiso a nadie.
Y luego vino aquella tarde del 5 de septiembre. Tu urna llegó a Bellas Artes. Yo estaba en el Centro Histórico y una compañera me pidió que la acompañara a reportear el homenaje. De pronto, sin saber muy bien cómo, terminé entre la multitud de reporteros y después dentro del Palacio.
Ahí estabas. O estaba lo que quedaba de ti. La urna. La fotografía enorme donde aparecías vestido de blanco, monumental, espectacular, llenando el escenario como siempre lo hiciste.
Afuera, una multitud lloraba y cantaba tus canciones hasta entrada la noche. Parecía que aquel pueblo que te había hecho suyo se negaba a dejarte ir.
Quizá por eso no te has ido. Porque ahora mismo, mientras te escribo, en algún lugar de México alguien canta una de tus canciones. Alguien se enamora contigo. Alguien llora contigo. Alguien recuerda a quien ya no está. Y alguien, seguramente, acaba de decir: Amor eterno.
Gracias, Juan Gabriel por convertir tantas tristezas en canciones y tantas canciones en compañía. Por ponerle música al desamor, al deseo, a la pérdida, a la alegría y a esa cosa inexplicable que llamamos vivir.
No sé dónde estés, pero sé dónde te encuentro: en las voces de quienes te cantan, en los recuerdos. Y aquí, conmigo, porque no, JuanGa, no has muerto y yo, te sigo amando.
Con mucho amor, Dunia


