Por Alejandro Rozado

No me sorprende el espaldarazo que acaba de dar AMLO al fraude electoral de Morena propiciado por Mario Delgado y compañía este fin de semana. 

Subrayó el mérito de asistencia de más de dos millones de votantes, pero no vio las miles de brigadas de mapaches que invadieron las casillas acarreando multitudes con dinero, mucho dinero.

No distinguió que las asambleas distritales morenistas carecieron de debate presencial y plural de ideas.

Se fijó en las críticas de la derecha, pero no en las de izquierda. En suma, está satisfecho de la “fiesta democrática” de su partido.

Apoyo decidido

Andrés Manuel demuestra así que está decidido a apoyar a Mario Delgado para dar legitimidad a la sucesión presidencial. Con ello, nuestro presidente llegó a su límite político: su izquierdismo hasta ahí llegó. 

El general Cárdenas también llegó a su límite con su inclinación por Ávila Camacho.

No es ninguna tragedia. Se trata de la política y su fascinante capacidad de dar giros inconcebidos. 

Pero a todo problema nuevo existe una nueva solución.Pensar con la cabeza fría es vital a partir de ahora. Ni desgarrarse las vestiduras, ni sentirse decepcionados o traicionados. 

Por fin veremos a AMLO como lo que es: un gran hombre con sus límites; no como un semi dios que jamás se equivoca. Y quien participa en política asume el riesgo de sus vericuetos y sigue adelante con sus principios.

A partir de hoy se aproxima una etapa de profunda reflexión entre los cientos de miles de militantes de izquierda en todo el país.

Ya veremos cómo.

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M21

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