Alcanzar un homogéneo indicador de la felicidad parece inalcanzable en la compleja diversidad del país, sin embargo todo inicia dando el primer paso y ése ya está en marcha. 

Por Berna Valle @BernaValle1

Llevamos 19 meses en el gobierno y se han cumplido al menos el 90 por ciento de las promesas de gobierno. ¿Qué sigue? En realidad es el inicio de algo importante, no solo para los mexicanos sino para todas las personas que vivimos en este planeta. La construcción del indicador de felicidad, una nueva medida de crecimiento y bienestar de las naciones. Este es el tema en el que debemos aportar nuestros mejores esfuerzos.

Paradójicamente, la ciencias sociales y biológicas nos han heredado un enorme entendimiento sobre el ecosistema más adecuado para los gorilas, pero no sabemos casi nada sobre el espacio ideal para los seres humanos. Inclusive, en países como México, existen ciudades inmensas y saturadas en todos sus servicios en donde una persona sale de noche a trabajar y regresa de noche. Jamás observa cómo es su casa, su comunidad, el día a día entre semana de su barrio ¿Qué factores se deben tomar en cuenta para hacer una ciudad adecuada para seres humanos y además hacerlos felices?

Lo que mides es lo que te importa. Las ciudades deben estar preparadas para la espontaneidad, donde exista esa cualidad orgánica humana. Las personas suelen caminar a cinco kilómetros por hora, sin embargo las ciudades se diseñan para que los autos circulen a sesenta kilómetros por hora, diez veces más. Esto significa que las escalas entre un peatón y un automovilista son completamente diferentes y por lo tanto incompatibles. 

En México, a nadie se le ha ocurrido medir el tráfico peatonal para darle espacio adecuado a los que caminan, a los que andan en bicicleta o los que andan en transporte público. Por otro lado, encontramos comunidades en el interior del país con cero comunicación. Hoy en día no es posible subir a un camión y llegar a cualquier comunidad de este país.  

Desde mi punto de vista, y a raíz de la nueva normalidad que estamos viviendo por el virus SARS-CoV-2, me parece que ese índice debe contemplar al menos los siguientes aspectos:

Aire. Medir la calidad del aire que respiramos involucra mantener el equilibrio entre la polución de la industria y los residuos que pueden afectar la salud de las personas.

Espacio. Medir la cantidad de metros cuadrados que una persona requiere para desarrollar libremente su personalidad; podría darnos mayor entendimiento sobre las variables que garanticen una movilidad masiva segura, y un espacio sano para la convivencia.

Medio libre de ruido. Los indicadores de contaminación acústica prácticamente no existen. En estos meses, hemos escuchado sonidos que ni siquiera sabíamos que existían, como los cielomotos, las espectaculares tormentas eléctricas, o los sonidos de los pájaros. Los silencios otorgan momentos de serenidad necesarios para el desarrollo del libre pensamiento.

Agua. El acceso universal al agua limpia es una necesidad imperante en tiempos de pandemia. Hace mucho tiempo que dejamos de tener la posibilidad de beber agua de la llave. 

Comida. Sin duda, la mayor preocupación durante la pandemia fue el acceso a una alimentación sana. De manera que se debe garantizar la autosuficiencia alimentaria y nutritiva.

Calor. El calor es uno de los factores más importantes en las regiones más frías. Por lo cual el espacio de habitabilidad deberá contemplar las temperaturas adecuadas para la vida plena.

Educación. La educación de calidad es una exigencia histórica en lugares como México, y en particular la educación en línea, que implica cerrar la brecha digital en todo el país.

Salud. Un sistema de salud universal y de calidad, ha sido el mayor de los retos en la pandemia, pues evidenció problemas sistémicos: falta de profesionales de la salud, fomentar las investigaciones sobre la evolución de la vida, infraestructura y una alimentación sana combinada con actividad física.

Paz. La seguridad social, implica una seguridad física y la única forma de lograrlo es con un sistema laboral y de distribución de la plusvalía en forma justa.

Acceso a la comunicación. Se debe garantizar el libre tránsito y comunicación a todos los ciudadanos. Desde caminos seguros que conecten a las comunidades más apartadas, hasta infraestructura en telecomunicaciones que lleguen de manera gratuita a cualquier parte del país.

Acceso a la cultura. La cultura es una palabra muy amplia, incluye desde la música, el arte, la danza, pero también cuestiones más complicadas como la tecnología, la lectura, la artesanía, las herramientas.

Acceso al deporte. Tal vez no se espera que todas las personas se conviertan en atletas olímpicos, pero es importante que todos tengan la oportunidad de usar instalaciones en sus propias comunidades o barrios.

Combatir la infodemia. Es fundamental, como parte de la nueva formación cívica, aprender a combatir la infodemia de manera que cualquier ciudadano aprenda a distinguir entre una información falsa, una información medio verdadera e información malintencionada.

Violencia comunicativa. Si bien se ha tratado el rubro de la paz como un tema fundamental; no es menos importante el combate al acoso cibernéticos o mediático, y todas las demás manifestaciones de violencia que existen al comunicarnos.

En conjunto, estos indicadores tienen el potencial de establecer la calidad de vida de un ciudadano y con esmerado detalle la actual administración federal está rompiendo inercias, eliminando prácticas corruptas, reestructurando, haciendo valer derechos que antes se usaban cómo dádivas, dignificando la actuación de gobierno y el servicio público. Un conjunto de acciones y correcciones para la población tenga acceso a servicios y ejerza sus derechos plenamente.

Alcanzar un homogéneo indicador de la felicidad parece inalcanzable en la compleja diversidad del país, sin embargo todo inicia dando el primer paso y ése ya está en marcha. 

_____

M21