Imagen: Antonio Cansino en Pixabay

Por Berna Valle @BernaValle1

La libertad política otorga al ciudadano el derecho de pensar, el derecho de expresar sus ideas, el derecho de reunirse, el derecho de ejercer el oficio, profesión o industria que le acomode. Pero no nos equivoquemos, hablar de libertad en México, aún es un tema que debe ser ampliamente discutido y sobre todo legislado. Porque como dice nuestro presidente, aún somos un país de desiguales.

El proyecto de la Cuarta Transformación enfrenta muchísimos vicios del pasado. Sin duda, esta transformación tiene que ser -entre las tantas cosas que debe ser- feminista. Esta deuda histórica y milenaria es fundamental para una verdadera transformación social de nuestro país.

Me solidarizo con todas las mujeres que han sido víctimas de tantas atrocidades en México y en el mundo, sólo por ser mujeres. Aquí en México, parece que se nos olvidan las muertas de Juárez, las desaparecidas, el tráfico de mujeres, los feminicidios. Pero también la violencia familiar, la violencia social, la violencia y el acoso laboral, incluso violencia política de género que seguimos viviendo.

Todos estos son pendientes no solo de la 4T, son pendientes históricos con las mujeres que debemos abordar de forma sistémica, para que el cambio sea verdadero y se inserten como un cambio cultural y social.

Pensar en el feminismo desde Latinoamérica es aceptar como sociedad que las mujeres continúan teniendo menores oportunidades para desarrollarse y un uso limitado de todas sus posibilidades.

Muchas mujeres en México no son tan bien alimentadas como se alimenta a los hombres, tienen menor nivel de salud, son más vulnerables a la violencia física y al abuso sexual. Tienen muchas menos probabilidades que los hombres de saber leer y escribir, y aún menos probabilidades de tener educación preprofesional o técnica.

Las mujeres tienen menos oportunidades que los hombres de vivir libres de miedo y disfrutar de tipos gratificantes de amor. La desigualdad social y las circunstancias políticas dan a las mujeres posibilidades humanas desiguales.

Estas circunstancias no son casos aislados sino circunstancias comunes, no solo en México sino en todo el mundo. Al día de hoy no hay país que trate a sus mujeres de la misma forma que trata a sus hombres. Me refiero a efectivamente medir bajo un indicador sistémico que incluya la esperanza de vida, la riqueza, la educación y la felicidad.

Hacia una sociedad equitativa

Justamente el presidente Andrés Manuel López Obrador, asesorado por extraordinarias mentes femeninas, ha sido insistente con señalar que lo importante de los resultados de un gobierno, no es la tasa de crecimiento económico sino la felicidad de los ciudadanos.

El reto es discutir y legislar medidas de gobierno que permitan establecer indicadores sistémicos que midan la dignidad humana. El objetivo de estos indicadores es que puedan medir o indicar si cada ciudadano tiene las condiciones materiales relevantes y necesarias para desarrollar toda su potencialidad.

La Cuarta Transformación debe buscar una sociedad con una distribución equitativa del dinero, acceso a oportunidades laborales, acceso al poder o a otros recursos que no se buscan por sí mismos pero que hoy mismo, las mujeres en general, no pueden acceder a ello, es el gran reto de este nuevo régimen. 

El objetivo, sin duda, es la construcción de una sociedad equitativa. Para eso, el Estado debe garantizar a sus ciudadanos condiciones para que cualquier ser humano pueda desarrollarse y florecer -si es que así lo elige- de forma apropiada y plena.

En este sentido nuestra atención debe mirar no solo a los derechos humanos individuales o a términos como equidad de oportunidades laborales o la distribución de recursos para los más pobres; que no dejan de ser importantes. No obstante, nuestro foco debe ir hacia el contexto social.

Hablo de políticas que verdaderamente permitan el ejercicio de nuestros derechos como ciudadanos y ciudadanas. Nuestro país, necesita con urgencia las condiciones para que cualquier persona pueda desarrollarse. Se trata de un conjunto completo de políticas y reformas estructurales, que garanticen un ambiente sociocultural para el libre desarrollo de la personalidad y el uso pleno de nuestras posibilidades como seres humanos.

Es importante señalar que no nacimos con una identidad completa o un entendimiento de nosotros mismos. Mucho menos nacimos completamente formados en nuestros deseos personales y específicos. Estos se desarrollan en y a través de nuestras condiciones materiales y sociales.

El presidente Andrés Manuel López Obrador mediante el proyecto de transformación nacional, invita a crear una sociedad con la capacidad de mostrar preocupación por los demás, de colocarnos en la posición del otro, de tener compasión por el otro y de cultivar amistades verdaderas, amor y buscar la justicia.

Somos seres sociales, y las diversas habilidades relevantes para cultivar nuestras interacciones sociales son fundamentales para el desarrollo de todas nuestras otras capacidades.

Todos los seres humanos sentimos cierta inclinación hacia ciertas actividades, laborales, sociales y de interés personal y en ello consiste nuestra felicidad. Cada uno de nosotros somos nuestro propio límite. Entonces el gobierno debe establecer las condiciones suficientes para que cada individuo haga uso de todas sus capacidades incluso si las personas deciden no hacerlo.

El papel del Estado

El papel del Estado no es elegir por los individuos, sino establecer las condiciones para que cada individuo tenga la posibilidad de hacer sus elecciones y, por lo tanto, que sus opciones sean genuinas, pero sin pedirnos que nos comportemos o actuemos de cierta forma. Cuando se establecen las condiciones, los individuos son verdaderamente libres para decidir si utilizarán sus capacidades, y cómo.

Por lo tanto, se apunta a las capacidades y no al funcionamiento, no porque el funcionamiento no sea parte del ideal (lo es), sino porque elegir libremente es lo fundamental.

El pleno reconocimiento de nuestras diferencias biológicas y de género tienen un impacto en nuestro desarrollo de capacidades. Eso requiere de un conjunto, no pequeño, de cambios sociales y legales.

Los cambios probablemente tomarán tiempo, pero estamos, me parece, en un curso de colisión que involucra a nuestros modelos dominantes para un cambio de dirección hacia una educación totalmente distinta a la actual. La necesidad de una nueva educación en nuestra sociedad debe garantizar el libre pensamiento y la oportunidad para que cada una y uno de nosotros sueñe, persiga y construya su pleno desarrollo humano. Incluyendo especialmente -aunque no exclusivamente- la generación de posibilidades y condiciones para las niñas, jovencitas, ancianas …. mujeres.

La inclusión es la piedra angular del feminismo de la Cuarta Transformación. Este tipo de feminismo inclusivo busca redefinir al feminismo y a los roles de género para ajustarse a la vida de las mujeres mexicanas. No trata de moldear a las mujeres, para ajustarse a un ideal particular de feminismo o a una política estatal de género. Quien lo piense de otro modo, no es feminista. 

Como comentario final, muchos hombres se inscribieron en la encuesta para la elección de presidente de nuestro partido de Morena. Curiosamente, solo una mujer brilla entre todos ellos por su extraordinaria trayectoria como líder de nuestro partido y su feminismo progresista y revolucionario.

Desafortunadamente, también brillan dos compañeras que la autoridad electoral incluyó en la contienda por la presidencia sólo por ser mujeres -quiero aclarar que eso no es feminismo, ni equidad de género, eso es corrupción-. Por respeto a ellas mismas, y todas nosotras, las militantes feministas de Morena, deberían renunciar hoy.

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M21