Miguel Hidalgo y Costilla, fue el protagonista de la primera transformación en el país, y desde la madrugada del 16 de septiembre de 1810, un año antes de su asesinato, y aún un par de siglos después, las denostaciones continuaron contra su persona por el hecho de impulsar una transformación, hecho que nunca perdonarán los vende-patrias. 

Pocos religiosos en México ha habido con un bagaje intelectual tan alto, hablaba español, italiano, francés, tarasco, otomí y náhuatl. Fue rector de El Colegio de San Nicolás, pero la vida académica lo condujo a la ciudad de México a seguir estudiando. Así, en 1773 se graduó como bachiller en teología y filosofía.

Al regresar a Morelia, conoció a uno de sus alumnos más avanzados, José María Morelos y Pavón.

Los reportes de historiadores que todavía ven en el conservadurismo la posibilidad de un regreso al pasado, han tratado de ponderar que se trataba de un jugador empedernido, que como salida a las deudas contraídas eligió el camino de la rebeldía.

Para esos historiadores que quieren lucir en el detalle, su menosprecio por la transformación olvida que se trataba de un hombre sumamente culto, que traducía de manera brillante a los enciclopedistas, hombre de ideas avanzadas para su época, de ahí que haya formado parte de los círculos de estudio donde se analizaba la política colonial y del que terminó como su líder. 

Los conservadores de esa época criticaban que un hombre espiritual se preocupara por los problemas del mundo terrenal, y por lo tanto no debería tomar partido en la vejación de los hombres, mujeres y niños que maltrataban los representantes de la corona española.

El propio Hidalgo fue llamado a la Inquisición acusado de delitos que nunca pudieron comprobarle. Eran épocas en las que ya las mentiras intentaban convertirse en verdades a fuerza de repetirse y las acusaciones de expresar ideas incompatibles con la religión católica. 

Libró las acusaciones y dejó a los conservadores en ridículo, pero éstos sólo recuerdan sus triunfos, por eso no aprenden de sus derrotas.

Se le critica que haya perdido batallas por su falta de capacidad militar, que fue un oportunista al salir con una Virgen de Guadalupe como Bandera; sin embargo, sus virtudes hasta la fecha tratan de ser simuladas para dar lugar a los defectos, que ciertos o no, los historiadores exaltan queriendo borrar los mecanismos que motivan esa transformación que, al parecer, todavía les sigue doliendo a los conservadores después de 199 años de consumada la independencia.

En 1808, con la invasión de Francia a España la decadencia política y económica de la corona ibérica comenzó a mostrarse en la Nueva España y esto fue aprovechado por los intelectuales de la época, entre quienes se encontraba el cura Hidalgo, para empezar a organizar la libertad del país.

El conocimiento de las artes y la literatura del cura Hidalgo permitían disfrazar las reuniones de la conspiración de tertulias literarias y sesiones de lectura. En ellas se simulaban partidas de cartas, por lo que los historiadores nostálgicos de la corona, de los cuales todavía algunos sobreviven, acusan al libertador de tahúr.

Las primeras ideas de los emancipadores reunidos alrededor de Hidalgo, consistían en gobernar la Nueva España pero seguir dependiendo de España. Es decir, su único enemigo era el virrey Venegas y no la corona española.

En este escenario el cura Hidalgo convocó a los creyentes de Dolores, Hidalgo a levantarse en armas, liberó a los presos políticos, que no eran pocos y tomó las armas de la guarnición local para iniciar una guerra que duraría 11 años, pero que el cura Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor, no vería su final, porque murió fusilado el 30 de julio de 1811, en Chihuahua.