Por Gerardo Fernández Casanova / gerdez777@gmail.com

El Presidente López Obrador se excusará de asistir a la IX Cumbre de las Américas, convocada por el gobierno de los Estados Unidos. 

México  será representado por el Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, mediante un mecanismo diplomático de hacerlo “bajo protesta”. 

Por su parte, otros países han asumido posiciones similares, destacando las 15 islas del Caribe pertenecientes al CARICOM, Honduras, Bolivia, Perú y posiblemente Argentina. 

Aunque por motivos distintos, Brasil tampoco asistirá. Si son 32 los países miembros la ausencia de 19 naciones deja sin quorum la reunión y la invalida para tomar determinaciones a nombre de todo el continente. 

Los excluidos

El conflicto fundamental es la exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua de la convocatoria porque, a juicio de los Estados Unidos, sus gobiernos no encajan en su modelo de democracia, lo que implica una inaceptable intromisión en los asuntos internos  de dichos países.

La postura del Presidente de México está fincada en la Constitución Política que determina la no injerencia en los asuntos internos y el respeto a la soberanía de los pueblos. 

Misma postura asumida en el caso de haber esperado hasta la solución definitiva que confirmó el triunfo del Sr. Biden en la elección de 2020. 

Ambas actitudes severamente criticadas por el ala conservadora del sistema político mexicano, augurando enojos y represalias por tan “desatinada” actitud diplomática.

Lo cierto es que lejos de dañar la relación con Estados Unidos, tal comportamiento ha merecido una respuesta de respeto y amistad no conocida en los últimos tiempos, tanto del poderoso vecino del norte, como de un buen número de gobiernos latinoamericanos y caribeños, los que se ven cobijados por el paraguas de la digna diplomacia mexicana, la que, dicho sea de paso no ha ejercido ni protagonismo ni estridencia alguna, sino una mínima condición de seriedad, sobriedad y soberanía.

Pueblos soberanos

El Presidente de México ha aventurado una propuesta para que América toda se enrumbe hacia una vigorosa Comunidad, incluso mencionando el caso de la Unión Europea como referente.

Pero ha subrayado la condición de respeto a la independencia y soberanía de los pueblos de todo el continente y el abandono de la actitud injerencista, principalmente de los Estados Unidos. 

No hace falta la estridencia anti imperialista para mostrar su improcedencia, a riesgo de que esa nación vea severamente mermada su presencia comercial en el mundo y el riesgo de soluciones bélicas para reestablecer el equilibrio, con grave riesgo para la humanidad toda.

Desde el ángulo interno, es importante destacar el valor de la legitimidad del gobierno mexicano actual, surgido de una votación abrumadora e incontrovertible, así como el continuado soporte popular al Presidente y a las acciones de su gobierno, aún dentro de la tormenta mediática y de los grupos del poder económico. 

Es obvio que gobiernos impuestos por la vía del fraude quedan sometidos a los caprichos de la potencia que los protege y no a la voluntad popular que los soporta. 

El ejercicio democrático verdadero es, entonces, piedra angular para aspirar a  un desarrollo propio con justicia y bienestar. 

Viene también al caso la valorización de la política de no endeudamiento seguida por el régimen actual, aún en condiciones tan apremiantes como las que se presentaron ante la pandemia. 

El acreedor es el que fija las condiciones y en ello juegan decisivo papel los organismos financieros internacionales, directa o indirectamente, siendo los garantes de la adopción de medidas neoliberales y anti populares en todo el mundo. 

La pretensión de un desarrollo soberano y popular no cabe en las recetas de los referidos organismos cuyos resultados están siendo motivo de conflictos en la mayoría de los países que se han sometido a sus dictados. 

Me parece una gran hazaña crecer y construir grandes proyectos y, desde luego, impulsar una vigorosa política social redistributiva con las simples herramientas de cobrar impuestos y aplicar la austeridad sobre la burocracia dorada y corrupta.

Me siento muy orgulloso de que vayamos bien por ese camino.

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