Por Gerardo Fernández Casanova / gerdez777@gmail.com 

En las postrimerías del mal gobierno de Vicente Fox escribí un artículo en el que me referí a un tema donde Guanajuato destacaba por haber rebasado sus metas en la construcción de vivienda. 

Casas ajenas a la dignidad humana brotaron como hongos tras la lluvia. Bastaba salir a las carreteras para constatar los cerros plenos de casitas. 

Entonces advertí que tales casitas no mostraban signos de vida a su interior; ventanas sin cortinas, calles sin autos ni tampoco niños con bicicletas.

Estaban vacías en medio de la nada, sin escuelas ni comercios, sin autobuses ni otra forma de transportarse… y así se quedaron.

Pronostiqué que pronto sufriríamos un nuevo FOBAPROA para el rescate de la industria inmobiliaria o del propio INFONAVIT.

Pero me equivoqué de víctima: los únicos damnificados serían los acreditados que tendrían que pagar por una vivienda que adquirieron bajo presión y que no les era posible habitar por su inaccesibilidad y ellos no eran sujetos de rescate. Simplemente perdieron su patrimonio. 

En tanto, las inmobiliarias, normalmente las de los amigos, siguieron con la fiesta por otros dos infames sexenios.

Los recursos de los organismos de crédito a la vivienda son los ahorros de los trabajadores y de nadie más. 

Asalto en despoblado

Lo sucedido fue un asalto en despoblado (verdaderamente despoblado) a los ahorradores derechohabientes, tal vez incautos que cayeron en el garlito de ser esa la única forma en que podrían recibir sus recursos y, pues, ni para dónde hacerse. 

En realidad fue una de tantas villanías practicadas por los nefastos tecnócratas neoliberales, so pretexto de impulsar la industria de la construcción y agregar puntos al Producto Interno Bruto, para el caso demasiado bruto.

Un giro favorable

El régimen de la 4T ha decidido dar un giro de 180 grados en la materia de vivienda. En primer término se cancela la ventanilla de los créditos otorgados obligadamente por conducto de las empresas promotoras de vivienda.

En todo caso se obliga a tales empresas a ofrecer vivienda en condiciones de habitabilidad digna y accesible. 

En segundo, se reconoce al derechohabiente como adulto capaz de aprovechar sus ahorros conforme a sus necesidades y conveniencias; de mejorar su vivienda actual, de comprar un predio para construir, de contratar a quien quiera para construir, sean profesionistas o maestros de obra o simples albañiles que, bajo su propia dirección, les ayuden a satisfacer sus demandas en la materia y, tercero, retomando las viviendas deshabitadas para resarcir el crédito de los defraudados.

Ciudades para la gente

La experiencia universal es clara: la ciudad la construye la gente, con o sin profesionales. Un caso vivo y palmario es la antes temida Ciudad Nezahualcóyotl, la zona donde se desbordó la Ciudad de México.

Es un ejemplo de primera mano cuya historia muestra cómo la iniciativa popular se basta para satisfacer su necesidad de vivienda y cómo, con su esfuerzo, va dignificando el hábitat.

El presidente López Obrador realizó su gira del pasado fin de semana a Oaxaca, donde se lleva a la práctica la pavimentación de accesos carreteros a las cabeceras municipales, principalmente de comunidades indígenas de usos y costumbres. 

En ese caso el gobierno otorga los recursos, principalmente para materiales, a las autoridades comunitarias para que éstas organicen la obra con participación voluntaria de la gente.  

El pueblo hace obras de arte

El resultado a la vista son verdaderas obras de arte, hermosas. Refiere AMLO, si son los herederos de la cultura que erigió sitios como Mitla y Monte Albán, cómo no iban a poder hacer una excelente obra vial.

Definitivamente, el pueblo es mucha pieza.

El nuevo modelo pos neoliberal tendrá que pasar por una drástica vuelta a la tortilla, en la que prevalezca la iniciativa popular organizada y los recursos públicos destinarse privilegiadamente a apoyarla, para construir y para producir, para recrear cultura y educación, para dotarse de salud y, en general, para su bienestar.

Desde abajo se construye el mercado interno, con los pies en la tierra y en los recursos de la naturaleza. 

La capacidad creativa popular no ocupa de recetarios tecnocráticos, sólo de voluntad política para convocar y apoyarla. 

Esta es una de las bases de la Cuarta Transformación y es preciso hacerla trascender. Así sea.

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