Por Gerardo Fernández Casanova / gerdez777@gmail.com

La semana pasada me enfoqué al tema de la traición a la patria, a la luz de la imputación que se le hace a Peña Nieto por la Fiscalía General de la República. Me llamó la atención un comentario recibido que responde que la búsqueda de la modernidad no es traicionar al país sino procurar su progreso; estoy de acuerdo con el postulado en lo general, pero hay un enorme desacuerdo en las particularidades de su contenido. 

Si por modernidad se entiende todo lo que viene del extranjero, definitivamente lo rechazo; me parece más moderna la reivindicación de los valores ancestrales de los pueblos originarios, por ejemplo, en tanto que pretender ignorarlos me habla de la plena obsolescencia de las monarquías imperiales católicas y la herencia colonial vigente. 

Esta concepción puede extenderse al enorme conjunto de la anti cultura en que hoy vivimos, profundamente afectada por los modos de vida exógenos, principalmente el gringo.

Es la mentalidad colonial la que busca la modernidad en la metrópolis del imperio y se nutren entre sí, incluso respecto de un imperio en plena descomposición y decadencia, cuyos estertores y coletazos atacan su esencia pseudo democrática. 

Vale dedicar una irónica sonrisa a su convulso proceso electoral y aguardar con paciencia su resultado, sin apostar a ninguna de las quinielas, por más seguras que sean. No es un juego en el que nuestro país tenga boleto para intervenir.

Los que pierden la paciencia son los de la mentalidad colonial, los que hacen alarde de sumisión y acuden presurosos a felicitar al nuevo emperador, anticipando las vísperas a la formalidad legal y luciendo como “inteligencia diplomática” lo que no es más que indignidad lacayuna. 

Más aún, toman vuelo para suponer que con ello obtendrán la intervención imperial para deshacerse del mesurado legalista a quien pretenden derrocar. Me recuerdan a los traidores y traedores de Maximiliano. No por mucho madrugar amanece más temprano.

Ambos asuntos aquí mencionados son hilos de un mismo lazo. La mentalidad de los súbditos, incapaz de imaginar un México digno, independiente y soberano, merecedor de respeto porque ofrece respeto, que no es otro que el espíritu de la diplomacia constitucional mexicana.

Mentalidad colonial la de la Comisión Federal para la Competencia Económica (COFECE) que denuncia a las grandes tiendas de autoservicio, no por desplazar a los pequeños comercios, sino porque en la mayoría de los municipios sólo existe una gran tienda. Según esto, deberían existir por lo menos dos almacenes de este tipo para garantizar la competencia, valor supremo de la libertad.  

Para estos tecnócratas la modernidad consiste en que Wall Mart, Chedraui y Soriana se multipliquen hasta acabar con el comercio popular; que la forma y el contenido de la oferta de mercancías al menudeo respondan a los modelos de consumo de la globalización que, por ejemplo, exige un registro de código de barras para los productores de las mercancías, lo que deja fuera a los pequeños oferentes y encarece la comercialización. 

Con lo anterior se privilegia a los productos altamente industrializados, en perjuicio de la salud alimentaria, cuyas consecuencias se registran en las ominosas estadísticas de obesidad, diabetes e hipertensión, causantes de muerte.

Este es uno de los más claros casos de organismos autónomos que operan como grilletes para el ejercicio de una política económica y de salud diseñada para beneficiar a la mayoría del pueblo. Las inundaciones de Tabasco son otro efecto de tales mecanismos, al privilegiar el despacho de electricidad a los productores privados, antes que a la producción hidroeléctrica de la CFE.

Hay todavía muchos candados que mantienen con vida al viejo régimen y retrasan el nacimiento de la nueva manera de vivir. Es largo el camino de la transformación pacífica, pero hay que caminarlo.

En 2021 las elecciones, particularmente de diputados, deberán refrendar la voluntad popular mayoritaria por construir el Nuevo México anhelado.

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M21

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