Las Diosas Subterráneas

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Por: Samantha Lara

En medio de la pandemia de Coronavirus que ha mantenido a nuestra sociedad prácticamente sin salir de casa, el excepcional trabajo teatral de “Las Diosas Subterráneas” viaja del espacio digital hacia nuestros sentidos. Ahí, nos convertimos en un pararrayos que recibe la terrible denuncia del delito de la desaparición forzada de mujeres. 

La obra está escrita y actuada para apropiarnos de ella. Todas y todos somos parte del suceso. Lo reconocemos como uno de los principales y graves problemas de nuestra sociedad mexicana y de países de Latinoamérica. 

El majestuoso ensamble artístico de la directora Rocío Carrillo nos rasga, nos cae como un balde de agua cristalina que hace más transparente, humanizada, más profunda la reflexión en torno a la violencia contra las mujeres. 

Y es que, el problema no es uno solo, son varios vinculados: el secuestro, la trata de personas, los feminicidios y, como raíz, la violencia contra las mujeres.

La intervención breve, específica de diálogos (voces), es un recurso que la vuelve no sólo fluida, sino que permite que los sentidos se activen sensorialmente. 

Con sonidos del cuerpo, movimientos, gestos y música, la narrativa e hilo conductor nos dirigen a la denuncia del mutismo social ante la desaparición forzada de miles de mujeres.

En este link de la página de Facebook de Teatro UNAM Las Diosas Subterráneas se puede ver la obra completa.

De forma contundente y atroz, la imagen y el sonido escenifican la necesidad de la colectividad social, reflejada en el activismo. El montaje teatral invita a la memoria. Al no olvido. 

Escena de la obra Las Diosas Subterráneas.

El recurso narrativo de “Diosas Subterráneas” es el mito. Perséfone, buscada por su madre Demetrius, raptada por Hades, refleja los casos reales de desaparición forzada. 

En este mito griego, se sabe quién es el raptor. Más, en la realidad, el perpetrador tiene muchos rostros y ninguno a la vez. 

La obra no es ficción, es realidad. Es el relato de la injusticia, de los sobrevivientes del dolor, la tensión, quienes dan testimonio de que el número de mujeres desaparecidas aumenta. 

El reclamo de Las Diosas Subterráneas es la necesidad de mantener viva la memoria, de tatuar la consigna “¡Vivas las queremos!”. 

En esta magnífica obra que recomendamos para este mes 8M, rescatan como recurso el uso de “las brujas de Circe”. Recurso único. Circe, en la mitología griega hacía que sus enemigos olvidaran su hogar. En la obra, las brujas llevan al inframundo –a lo más oscuro– el cuerpo. Es la vida, la muerte, la carne. 

En la Odisea, Circe habría hechizado la comida que, con ayuda de su magia, transformó a los hombres en cerdos. Este uso metafórico denuncia rabia, coraje, dolor. Deja sin palabras al espectador. 

La obra inicia con el nacimiento, el alumbramiento, la vida en sí. Lo natural de la existencia. La pureza del cuerpo de la mujer. 

El elenco de nueve actrices y actores nos muestra el regreso de dos mujeres de la oscuridad: la violencia en mujeres reales, sobrevivientes. 

Describe el vínculo de madre e hija, así como la importancia de los buscadores en una situación tan dolorosa. Los buscadores como expertos, con una enorme necesidad de colectividad. 

La crítica es también a la sociedad individualizada, la cual, llena de indiferencia de lo que sucede a su alrededor, refleja machismos y masculinidades venidas del patriarcado. El mito, de nuevo, proyecta la profundidad de la realidad del país: despojo de las madres y padres de sus hijas.

El cuerpo se vuelve ritual de la muerte y regresa a la oscuridad como elementos para describir los casos que no se dicen, que no se nombran. 

El acto de desaparecer puede implicar estar viva y presente. Pero, igual que en la desaparición: no se les identifica. Las buscan pero no están. 

La denuncia y el activismo no dejan de ser un elemento constante. En la creación escénica, los artistas expresan su propio activismo (individual y colectivo), y lo proclaman como algo necesario en la sociedad. 

En la obra, se coloca en el debate al patriarcado, a la pertenencia y la inclusión. 

Las escenas son un espléndido y espectral reflejo de emociones y sentimientos que buscan un cambio a través del ritual de las danzas Dionisianas, expresiones del sufrimiento, la rabia y el dolor como reflejo del desconsuelo actual. Es un discurso claro, potente. Necesario.

La obra es una producción de Organización Secreta Teatro. Y el elenco lo conforman actrices y actores de destacado nivel: Alejandro Joan Camarena, Beatriz Cabrera, Mercedes Olea,  Alejandro Juárez-Carrejo, Ernesto Lecuona, Stefanie Izquierdo, Brisei Guerrero, Irasema Serrano, Jonathan Ramos. 

*Samantha Lara. Licenciada en Comunicación y Cultura (UACM). Con Maestría en Periodismo Político en la universidad “Carlos Septién García”. Especialidad en Derechos Humanos por la Universidad de Castilla, La Mancha.

2 Comentarios

  1. Muchas gracias a Samatha Lara por esta crítica de nuestro trabajo.
    Nos gustaría ponernos en contacto con ella

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