Por Carlos Erandi Rodríguez

Santa Teresa, Michoacán.- Harina, manteca de puerco, huevo, sal, azúcar y levadura de casa son los ingredientes que usa la familia Ortíz para hacer las empolvadas y las torcidas.

Una vez batidos los ingredientes, separan la pasta para el salado o dulce, que lleva el sabor único del pan de Michoacán.

Con la masa dulce hacen empolvadas, que son como las conchas, las adornan con harina y manteca y cuando salen del horno las bañan con azúcar.

Las torcidas se elaboran con la masa de sal. La elaboración incluye medirlas con la mano para que sean igualitas, o sea, del tamaño de una cuarta y media. Luego las enrollan para que queden como trenzas.

Doña Cristelia Elorza Orozco y don Leodegario Ortiz Luviano viven en Santa Teresa, municipio de Huetamo, ubicado en la zona conocida como tierra caliente en Michoacán.

“A poco más de una década nos hemos dedicado a la venta del pan, aquí en el rancho”, dice doña Cristelia.

“Hacemos unas 300 piezas dos veces por semana. Tenemos ya unos pedidos de manera fija y otros los hacemos para la venta”.

Sabe a leña

La familia Ortiz elabora los panes en un horno artesanal utilizando leña del árbol de cueramo o güeramo. 

“Es una madera muy dura, hace mucha brasa y suelta vapor. Hemos usado esta leña porque dura mucho para quemarse”, cuenta ella.

El palo de cueramo, explican, “le da sabor a nuestro pan, además de que es muy suave. Hemos probado con otras ramas y palos, como la parota, cirian, mezquite, pochotas y palo blanco, unos son delgados y otros muy grandes pero no nos sirven para el pan”.

Una vez que el pan sale del horno lo tienden a orear hasta el mediodía, cubierto con un mantel.

La gran familia

Doña Cristelia Elorza es originaria de Turicato. Es de una familia de muy escasos recursos. A sus 55 años no ha cursado ningún grado escolar, actualmente radica en la localidad de Santa Teresa junto a su esposo e hijos. 

Don Leodegario Ortiz es originario de Santa Teresa. Es campesino. Formó con Cristelia Elorza  una familia de 14 integrantes, “una parte está en el norte y otra en Huetamo; solo tenemos un hijo de 17 años aquí en la casa”, dice.

Para comer y vender

Doña Cristelia recuerda que en su infancia en Turicato aprendió a hacer pan, porque en su familia lo preparaban. Cuando conoció a Leodagario, quien “se la robó” para llevarla a Santa Teresa, empezaron a hacer pan porque no había trabajo y el dinero no alcanzaba para frijoles ni para tortillas.

“Mi esposo Leodegario siempre ha trabajado en el campo, entre el cuidado de las vacas, algunos trabajitos que de vez en cuando tenía, le dije que hicieran algo para tener algo de dinero, porque la familia iba creciendo y no teníamos mucho para darles de comer. Entonces le propuse que hiciéramos pan para vender, así fue como empezamos hace más de 15 años”.

Santa Teresa

Santa Teresa está a más de una hora de la cabecera municipal de Huetamo en vehículo particular, pero a dos horas si se abordan las camionetas adaptadas conocidas como “pasajeras”, que cobran 120 pesos por viaje.

Es una localidad, calurosa que alcanza los 34 grados. En Santa Teresa hay 20 casas, con igual número de familias, para ellas y las comunidades cercanas, la familia Ortiz se esmera en hacer el pan.

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