Por Berna Valle @BernaValle1

La belleza del triunfo, tras décadas de lucha, nos dejó perplejos, felices, hasta confundidos. Equivocadamente pensamos que una vez tomado el gobierno, no se repetiría ningún acto de corrupción, ni más fraudes, ni más políticos ambiciosos y vulgares. Fuimos ingenuos.

La Cuarta Transformación efectivamente ha llegado a algunas partes del gobierno, las principales, la cabeza, pero en las extremidades, en la propia forma de hacer política aún no llega la Cuarta Transformación de México.

En la tercera encuesta que inicia el día de hoy y que definirá el futuro del partido en el poder, sólo hay una regla: el dinero. Fue así como los finalistas llegaron hasta ahí, desembolsando cantidades millonarias para comparar el poder. 

La gran paradoja en la que se encuentra nuestro presidente en este momento es simple: si interviene para frenar el fraude, estara rompiendo su promesa de no meterse en la autonomía política que exige cualquier proceso de democratización; pero si no interviene será un cómplice silencioso del fraude que se ha cometido desde el INE y el TEPJF.

Claramente, el Poder Ejecutivo hace lo suyo, respetar la soberanía de los poderes. 

No obstante, ni el INE ni el Poder Judicial a través del TEPJF han respetado la soberanía de los poderes, mucho menos del partido en el poder. Todo lo contrario, la intromisión en la vida interna no deja de ser escandalosa, así como el indebido ejercicio de legislar en nombre de nuestro partido. Pero ese no es problema de Morena. 

En este par de años, a partir del triunfo de nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador, he escuchado acalorados debates entre la militancia sobre el tema de que si en Morena somos partido o movimiento. Personalmente no había pensado en este tema, pero con los recientes acontecimientos quisiera discutirlo.

En varias entrevistas Yeidckol Polevnsky nos ha contado sobre la conversación que tuvo con el presidente y el problema de ser el partido más grande; el dinero:  ¡$1,653,944,795! de pesos al año. 

El presidente le preguntaba por qué eso sería un problema, y la Secretaria General del partido y Presidenta en funciones de Morena le dijo que era demasiado dinero. Dinero que no necesitamos, porque para un movimiento el dinero es lo menos importante. Dinero que iba a ser un gran problema porque muchas ambiciones iban a poner sus ojos en este concentrado de poder. “Dinero”… en eso se convirtió la meta de quienes hoy luchan frenéticamente por la dirigencia del partido.

Con gran tristeza, vemos que las preocupaciones de Yeidckol Polevnsky fueron voz de profeta. Aquí estamos, en un punto donde la carrera por la presidencia de Morena la ganó el dinero, ganó el que metió más dinero y el que de alguna forma pudo hacer un fraude en esta elección gracias al dinero. 

El que paga para llegar, llega para cobrar

¿Nos les suena a otro tipo de partido? Es importante preguntarnos, ¿Cómo llegamos a este entuerto, en donde don Porfirio pagó 1.6 millones de pesos con su tarjeta de crédito para promocionarse, mientras que Don Mario tapiza el país al estilo Peña Nieto con su cara?

Ambos se demandan y se acusan de corruptos, de usar dinero mal habido ¿Acaso Morena no tiene órganos internos para impedir estas conductas por demás neoliberales? Porque como dice el meme: El que paga para llegar, llega para cobrar. Estamos ante una verdad ineludible.

Personalmente, yo señalo como responsables de este desastre a Alfonso Ramirez Cuéllar, Bertha Lujan, Rafael Barajas alias “el Fisgón” y el señor Héctor Díaz Polanco. Cada uno de ellos jugó un papel único para convertir nuestro partido en este escenario de monstruos. En primer lugar, está el señor Héctor Díaz Polanco. Quien tenía a su cargo resolver los conflictos internos de Morena y dirigirlos a la negociación y la conciliación. 

Pero desde que llegó no hay una Comisión Nacional de Honestidad y Justicia (CNHJ)que cumpla con esa función. Se usó como un brazo político de la señora Bertha Luján para golpear a todos los que no fueran miembros o afines al grupo de la señora, que no mal tiene el apodo del “Clan Luján”, haciendo alusión al clan de Charles Manson de 1960.

La CNH sirvió para validar todas las arbitrariedades cometidas y avaladas por el TEPJF, desde la cancelación de nuestro proceso interno en 2019, la imposición de Ramirez Cuéllar, hasta esta guerra de dinero, en donde se acusan unos a los otros para ver quién es más corrupto.

¿De qué sirve una CNHJ de Morena, afín a un sólo grupo? Sirve para validar atropellos e ilegalidades. Sin duda, no opera como nuestro sistema de rendición de cuentas. Toda la judicialización que hoy vemos en el partido es producto de que la CNHJ está lejos de cumplir con su función.

Por eso, ante una inconsistencia es necesario buscar al siguiente en la línea legal para responsabilizarse de las tareas internas del partido, fue así como la CNHJ y Bertha Luján, le abrieron las puertas al no menos que corrupto Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. 

Gracias al uso discrecional de la ley, la inacción de la CNHJ y la aplicación discrecional de la ley del TEPJF, hoy en día se mantienen las relaciones al interior de nuestro partido como un campo de tiro sin ley.

¿Pureza moral?

Mientras tanto, las injusticias, ilegalidades y arbitrariedades se acumulan; y la militancia afín a Bertha Luján lo aplaude fervorosamente. Esa militancia es un ejemplo de despolitización, lo que nos lleva al segundo problema. 

Aquí me gustaría hacer una durísima crítica a la militancia de Morena, su pragmatismo los coloca a un paso de las actitudes neoliberales y mercenarias que tanto critican. Presumen de pureza moral, pero apoyan a dos sujetos que ni siquiera son fundadores del partido y que a todas luces defienden valores y principios contrarios a Morena: autoritarismo, impunidad, misoginia, corrupción, lavado de dinero. Desde luego no puedo generalizar, pero el pragmatismo de la militancia en los últimos días es asqueroso. 

En este punto dirijo mi crítica al Instituto Nacional de Formación Política (INFP) que claramente no funciona. El presidente del INFP, ha creado un culto a su persona y a los moneros de La Jornada, quienes afirman que sin ellos Andres Manuel López Obrador no sería nada.

En la arrogancia de los moneros, germinó la infame idea de apoderarse del partido de la mano del grupo de Bertha Luján; olvidando por completo que también somos movimiento. 

Su objetivo fue crear un modelo ideológico estilo antorcha campesina, en la cual se aliente a la militancia a golpear a todo aquel que esté en contra de este grupo y aplaudir todo aquello que ellos representan “haiga sido como haiga sido”. 

El último de sus frutos fue la creación de la candidatura de una completa desconocida sin trabajo territorial ni historial de lucha, la senadora Citlalli Hernandez y el muy desgastado Don Porfirio Muñoz Ledo, donde al fallar la estrategia de posicionar a Gibrán, no hubo tiempo ni de guardarle luto, pues de inmediato fabricaron un clon en Citlalli Hernandez.

La militancia entrenada del INFP ha aplaudido y vociferado a favor de un Porfirio Muñoz Ledo y de un Mario Delgado, ambos, operando con dinero desconocido, no reportado, con todos los recursos del partido o de la cámara de diputados y con la desfachatez de no solo no esconderlo, sino presumir con el aval de la CNHJ y la anuencia moral del INFP.

Hoy en día levantarle la mano a cualquiera de los dos sería un acto de traición a los principios de Morena. 

Porque abre las puerta a que cualquiera que tenga el suficiente dinero como para comprar una candidatura -incluso la próxima presidencia de la república- lo haga. Así de grave es este asunto. El pragmatismo de la militancia, es otro de los frutos podridos de un INFP que falló por completo. La militancia del INFP, ya está lista para apoyar a quien sea que resulte ganador, pues entre sus mejores cuadros, encontramos a los pragmáticos neoliberales que solo quieren estar cerca del poder, y eso incluye al propio presidente del INFP. 

Legalidad como bandera

Sin embargo, aquí estamos los que creemos en la Cuarta Transformación de México, que no tenemos más aspiración sino de la un mundo mejor y más justo. En este escenario no nos queda de otra más que aceptar los atropellos del INE y del TEPJF, porque si no lo hacemos, no nos estaremos apegando a la legalidad que hemos tomado como bandera del cambio verdadero.

Todos los inicios son difíciles, y todos los inicios son finales de las situaciones anteriores. 

Las anteriores transformaciones fueron violentas y lo siguieron siendo hasta que llegó la siguiente. El clan Luján, apuesta como Agustín de Iturbide, una vez ganado el poder, coronarse como emperador. Eso no lo permitiremos y sin duda la judicialización continuará. Llegó para quedarse. De forma más profunda debemos preguntarnos si realmente necesitamos ser un partido.

Porque como movimiento nos fue muy bien, ahora como partido en el poder estamos partidos y fragmentados por la mentalidad neoliberal y conservadora de nuestros actuales dirigentes impuestos por el dinero.

No veo tan malo seguir siendo movimiento, e impulsar desde el movimiento candidatos independientes, que se registren con la recolección de firmas y trabajo territorial. Me refiero a personas que tengan principios morales y que tengan un compromiso con el movimiento, con las ideas; no con el dinero. 

Ya lo dijo el presidente: lo que hoy vemos en Morena es mucho pueblo para tan poco dirigente. El desafío más importante de los lopezobradoristas es aprender a vivir nuestras derrotas. La elección de Morena es una batalla perdida de la Cuarta Transformación.

 La perdimos cuando el dinero sustituyó a las ideas. Pero no hemos perdido todo, sólo es una parte, aún a pesar del desastre de Morena, como gobierno tenemos un rumbo y objetivos definidos. Saldremos adelante. Como siempre lo hemos hecho. Así es la izquierda y así somos los necios. Nos levantamos.

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