El necrófilo vive mecánicamente, es previsible y convencional, se repite a sí mismo. El necrófilo convierte los sentimientos, procesos y pensamientos en cosas. Así los conservadores hacen de las cifras de muertes por Coronavirus su bandera de ataque, porque solo los mueve su sed de sangre.

Por José García Sánchez

La obsesión de los conservadores por conocer el número exacto de muertes por Coronavirus, pasó de la necesidad de insumos para atacar a la 4T a una sed de sangre.

La información sobre las muertes por Coronavirus les servía menos que la cantidad de personas contagiadas, que era mayor en número, pero los conservadores prefirieron tomar en cuenta las muertes para descalificar los métodos sanitarios del gobierno federal.

Las razones por las que exigían precisión en el número de muertes dentro de una pandemia mundial no sólo mostraban desequilibrio intelectual sino emocional.

La postura de cuestionar, con tal insistencia el número de muertes, señalando irresponsabilidad en su inexactitud, habla de una manera muy particular de ver la realidad de la pandemia que es la propia, pero también deja mucho que desear su forma de ver el país.

La derecha en su último sexenio dejó una gran cantidad de muertos en su paso por el gobierno. La bandera de la derecha nunca ha sido, ni por asomo, la desaparición de personas, nunca han reclamado su búsqueda. Jamás se han pronunciado por la desaparición de normalistas de Ayotzinapa.

Es decir, su apego a la muerte, a la violencia, a la agresión les caracteriza. De hecho, la necrofilia en la psicología social analítica de Erich Fromm, se explica el gusto por la violencia y la destrucción.

Para Erich Fromm la necrofilia es lo opuesto a la biofilia, y es junto con la fijación simbiótica y el narcisismo, uno de los tres mayores males de la humanidad. Según Fromm, la carencia de amor en la sociedad occidental conduce a la necrofilia.

El necrófilo vive mecánicamente, es decir es convencional y previsible. Se repite a sí mismo, convierte, según los profesionales, los sentimientos, procesos y pensamientos en cosas. Tiende a querer controlar la vida, a hacerla de cierto modo predecible.

Para Fromm, la necrofilia se observa en el actual mundo occidental en las fachadas hechas de hormigón y acero, en el armamento moderno y la carrera nuclear, en la idolatría hacia la tecnología de las grandes máquinas, la pérdida de recursos con el consumismo y el trato hacia las personas como cosas.

Si se trataba de cuestionar, sin duda el número de contagios le convendría mejor para su estrategia de combate, pero se fueron por lo más trágico, las muertes. Es decir, el final de la vida, que dicen defender a ultranza. Los conservadores tienen una vieja obsesión que sus cifras de muertos no coinciden con las suyas, es decir, sus cifras provienen del catastrofismo y de la intención de desbancar desde el número de muertos a un gobierno al que no pudieron ganarle con votos.

Históricamente es la derecha, los conservadores quienes han impuesto una política violenta contra la población, contra la mayoría de la gente, contra quienes no piensan y viven como ellos.

El discurso violento y las palabras beligerantes donde se fusiona al contrincante político con el enemigo a muerte, parecieran completar esta manera de percibir la realidad de un país que ha vivido en paz a pesar de la derecha.

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M21

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