Imagen: Omar Vera (Flickr).

“Los operativos realizados por el gobierno de Felipe Calderón en los que capturaron a los principales líderes del narcotráfico se hacían por instrucciones del Cártel de Sinaloa. No era por trabajo de inteligencia como decía el gobierno en televisión”. Anabel Hernández

Andrés Manuel López Obrador entendió perfecta y rápidamente la parte principal del problema de la inseguridad en México. Sin tener como prioridad el enfrentamiento armado y directo con el crimen (“guerra contra las drogas”, como dirían los neoporfiritos), y sin aplicar la política de “mátalos en caliente”, se ha optado por seguirle el rastro al dinero mal habido.

Esta simple acción de seguirle la pista al dinero sucio, sin dudas, tiene más garantías de dar con los criminales más peligrosos de México.

Tanto así que a sólo un año de inicio de la Cuarta Transformación ya se le pisan los talones a tres ex presidentes (Fox, Calderón y Peña). No es por nada que el pueblo esté exigiendo: ¡Juicio a los ex presidentes! desde Salinas hasta Peña. 

En los restantes cinco años de gobierno de AMLO, además del gran reto de limpiar el cochinero dentro de las instituciones mexicanas y de asegurar de que haya justicia para todos e impunidad para nadie, también existe el otro gran reto de que quienes forman parte del nuevo gobierno puedan aguantarle el paso y ser capaces de seguir, con firmeza, el ejemplo de AMLO.

Y así llegar a convertirse en el primer gobierno mexicano con el mayor número de funcionarios y políticos incorruptibles. 

AMLO solía decir que el cártel más peligroso de México era el de Los Pinos. Hoy podemos decir que el cártel más peligroso de todos es el Cártel de los Ex Presidentes (Salinas, Zedillo, Fox, Calderón, Peña). Pareciera que los mexicanos han aprendido, a la mala, que un político corrupto es más peligroso que un narcotraficante.

Los narcos son peligrosos, sí, desde luego, pero los políticos y funcionarios que encubren, colaboran y fortalecen a los narcos, ocasionan mucho más daño a la patria.

Es muchísima la gente que, de una forma u otra, se ha involucrado en el negocio del narcotráfico, desde el que siembra hasta el que distribuye en las calles.

Tan sólo con las nuevas revelaciones de Anabel Hernández en su más reciente libro, se visibiliza al verdadero Jefe de Jefes; se documenta el cómo las policías (en todos niveles) están metidas en ese negocio; se evidencia la gran corrupción que imperaba en el llamado Estado Mayor Presidencial (EMP), el uso de grandes compañías (incluso reconocidas a nivel mundial) para transportar la droga, entre otras cosas no menos deshonrosas. 

El pueblo pide instituciones firmes y auténticas, y le corresponde a México enjuiciar a sus propios criminales. Cuando las instituciones mexicanas estén limpias y depuradas, no hará falta que Estados Unidos sea quien enjuicie a los individuos peligrosos.

Por ahora, está bien que sea Estados Unidos quien se de vuelo atrapando a mafiosos mexicanos de alto calibre, esto sólo mientras AMLO y la Cuarta Transformación limpian el cochinero que acumuló el neoliberalismo por varias décadas. 

Y de paso, habría que dar un ultimátum a los funcionarios y políticos corruptos, animarlos a que renuncien todos. Les conviene porque llegado el momento, cuando les caiga la justicia su humillación será un poco menor. 

Marco I. Dávila C. 
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